8. Recuerdos de antaño

No cabe duda que entre los cambios que ha experimentado NAPARDI, quizás de los más grandes sea en las costumbres, de las cuales siempre discutiremos de su grandeza o pobreza, de su manera de hacer o no hacer, de las criterios con que se hacían y de la forma de entenderlas.

Una simple broma según quién la haga, cómo, dónde y a quién es una valor a tener en cuenta o una gamberrada descomunal que reprueba quien no le ha gustado.

Ello no es más que sinónimo del ambiente que se respira en la calle, ya que es evidente que a las personas según la edad y con ello los deseos y necesidades que se nos van cambiando a la postre no hace sino reflejar ese estado de ánimo que es el que nos sirve para recoger con mejor o peor grado los sucesos que van aconteciendo en lo cotidiano y en lo extra.

Así es como en los principios de NAPARDI, cada uno traía de casa lo que le apetecía para poder merendar, sardinas, patatas, lomo, huevos, pan o compraba algo por el camino y algunos se lo hacían allá, había muy poca despensa en la Sociedad donde todas las mesas se juntaban y se compartía lo que hubiere, el que tenía y el que no, lo bueno con lo regular y la confraternización era continua, era un estigma y con ello se funcionaba.

 

Actualmente esto ha cambiado sustancialmente, somos más socios, las maneras de entender la Sociedad no son las mismas y ya muchas veces no se transige tanto con el vecino como antiguamente, algunos ya casi ni nos conocemos entre nosotros y ello junto con ese individualismo que poco a poco nos conduce la sociedad en que vivimos, nos hace comportarnos a veces como cuando te encuentras con un vecino en la escalera; lo ignoras y esto no será bueno en la escalera de tu casa, pero en la Sociedad es peor todavía, puesto que la base primordial de nuestra convivencia está en la igualdad de trato y de sentido, aunque no se comparta por unos pocos.

Allá estaba en los principios Baldomero que inevitablemente cuando entraba en la Sociedad decía a los presentes: “Tardes buenas y buen profit”, contestado por todos a continuación.

Los mismo que aquella costumbre que ya se hizo rito y que inevitablemente Otilio decía: “El buen cantero moja la pared primero”. Forma de echar un poco de vino al gaznate, antes de empezar la manduca.